Durante años, elegir un tupper fue una decisión de practicidad: cuál cierra mejor, cuál pesa menos, cuál no se rompe si se cae. Casi nadie se preguntaba qué pasaba con el envase una vez que la comida estaba adentro. Hoy, la evidencia científica está cambiando esa conversación, y vale la pena entender por qué.

 

LO QUE LA CIENCIA ENCONTRÓ EN LOS ÚLTIMOS AÑOS

 

Desde 2022, distintos estudios vienen confirmando la presencia de microplásticos en el cuerpo humano: primero en sangre, y después en placenta, tejido pulmonar, leche materna y, más recientemente, en placa arterial. En 2024, un estudio publicado en The New England Journal of Medicine encontró que las personas con microplásticos detectables en placa arterial tenían un riesgo 4,5 veces mayor de sufrir un infarto, un ACV o morir dentro de los 34 meses siguientes, en comparación con quienes no tenían partículas detectables. Investigadores de la Universidad de California, Davis (UC Davis Health) confirman que hoy se encuentran microplásticos prácticamente en todo el cuerpo: cerebro, riñones, hígado, sangre y orina.

 

Todavía se está investigando el alcance completo de estos hallazgos, pero la dirección de la evidencia es clara: la exposición es real, es constante, y una de sus principales fuentes está en la cocina de todos los días.

 

EL PROBLEMA NO ES SOLO EL PLÁSTICO: ES EL CALOR

 

Acá está uno de los datos más contundentes. Calentar comida en un recipiente de plástico en el microondas puede liberar hasta 4,22 millones de partículas de microplástico y 2.100 millones de nanopartículas por centímetro cuadrado. Incluso algo tan cotidiano como un vaso de cartón con líquido caliente y recubrimiento plástico libera unas 25.000 partículas microplásticas de una sola vez. Por eso, desde UC Davis Health, uno de los consejos más simples que dan los especialistas es no calentar nunca comida en recipientes de plástico, y pasarla siempre a un envase de vidrio o cerámica antes.

 

BPA Y FTALATOS: LOS QUÍMICOS QUE SE ESCONDEN EN LO COTIDIANO

 

Más allá de las partículas físicas, hay otro problema: los químicos que forman parte de la estructura del plástico. El BPA (bisfenol A), presente en plásticos policarbonato y en revestimientos de latas, se libera principalmente cuando entra en contacto con alimentos. Según la Endocrine Society, el BPA puede afectar el desarrollo cerebral, aumentar la ansiedad, alterar el sistema reproductivo (asociado incluso al síndrome de ovario poliquístico) y reducir la fertilidad masculina.

 

Los ftalatos, usados para dar flexibilidad a ciertos plásticos, no se quedan atrás: se los vincula con alteraciones de la función tiroidea, menor fertilidad, mayor tasa de pérdidas de embarazo, resistencia a la insulina, presión arterial elevada y obesidad. Un dato que impacta: ambos químicos fueron detectados en entre el 90% y el 100% de las muestras de líquido amniótico y sangre de cordón umbilical analizadas en distintos estudios, lo que muestra qué tan extendida está la exposición, incluso antes de nacer.

 

¿POR QUÉ EL VIDRIO ES DISTINTO?

 

El vidrio no necesita ninguno de estos aditivos para funcionar. Es un material inerte: no reacciona con la comida, no libera partículas ni químicos sin importar cuántas veces se caliente, se lave o se reutilice. No se degrada con el tiempo como el plástico, no se raya ni se vuelve poroso, y por lo tanto no se convierte en una fuente adicional de exposición a medida que envejece. Lo que entra en contacto con tu comida el día uno es exactamente lo mismo que entra en contacto el día mil.

 

PEQUEÑOS CAMBIOS, GRAN DIFERENCIA

 

La buena noticia es que no hace falta cambiar toda la cocina de un día para el otro. Algunos hábitos simples, recomendados por especialistas de UC Davis Health, ya marcan una diferencia real:

 

- Nunca calentar comida en recipientes de plástico: pasarla siempre a vidrio o cerámica antes de meterla al microondas.

- Preferir vidrio o acero inoxidable para guardar y transportar comida, en vez de plástico.

- Tomar agua de la canilla o filtrada en botellas de vidrio o acero, en lugar de agua embotellada (un estudio de 2024 encontró alrededor de 240.000 partículas plásticas por litro de agua embotellada, el 90% de ellas nanoplásticos).

- Usar utensilios de madera o metal en vez de espátulas de plástico.

 

Ninguno de estos cambios es drástico. Pero sumados, achican de forma real la exposición diaria a algo que durante años pasó completamente desapercibido.

 

Elegir vidrio no es una moda ni un capricho estético: es una decisión informada, respaldada por evidencia que cada año se vuelve más sólida. Y en Nakura, creemos que elegir mejor en lo cotidiano —como en qué envase guardás tu comida— es exactamente el tipo de elección chica que, sumada día a día, hace la diferencia. Choose Better Every Day.